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Los tiempos cambian
El modo en que la tecnología influye en la lectura y en la escritura de novelas
¿Qué hubiera pensado Jane Austen si fuese a publicar en los tiempos que corren? Posiblemente, no lo habría creído. Y es que esta escritora de culto nunca obtuvo el reconocimiento por sus obras en vida, pese a la calidad de las mismas.
La era de las tecnologías ha facilitado mucho las cosas (y empeorado desde otra óptica que analizaremos también) en lo que al proceso de edición de un libro se refiere. En épocas pasadas, la publicación de un manuscrito resultaba arduo. Si nos remontamos a la antigua Grecia, por ejemplo, los escritores eran en su mayoría poetas y filósofos que escribían para un público selecto. Sus textos eran copiados a mano por escribas profesionales y se distribuían a través de bibliotecas públicas y privadas, así como en círculos literarios muy exclusivos.
Durante la Edad Media, la mayoría de los libros eran manuscritos escritos a mano por monjes en monasterios. La producción de libros se limitaba a obras religiosas y estas eran propiedad de la iglesia lo cual significa que el acceso a las mismas estaba restringido a una élite alfabetizada.
La imprenta de Gutenberg, en 1440, revolucionó la forma en que se producían y distribuían los libros. Los escritores podían imprimir múltiples copias de sus obras a un costo menor, lo que permitió la producción en masa. Sin embargo, la publicación de una novela seguía siendo un proceso caro y complejo. Ello forzaba a los escritores a buscar patrocinadores y editores que financiaran sus obras.
A partir del siglo XVIII, la aparición de las librerías y las primeras editoriales facilitó el proceso. Los escritores podían enviar manuscritos a las editoriales, que los revisaban y los publicaban si se consideraba que tenían potencial de ventas. La posterior aparición de la imprenta electrónica y la digitalización de la industria editorial supusieron el revulsivo definitivo: llegó la autopublicación.

Escribir un libro no es sencillo, desde luego. Pero me atrevería a afirmar que lo es mucho más publicarlo. Tal y como hemos podido dilucidar, gracias a este rápido repaso que hemos hecho por la historia de la edición literaria, publicar nunca fue fácil hasta que llegaron las tecnologías. Dicho avance ha democratizado la escritura y la lectura.
Aquellos autores que no cuenten con un respaldo editorial clásico, no tienen que sentirse frustrados porque sus obras podrán ver la luz de todos modos. Amazon es el principal escaparate y herramienta para todos los que apuestan por la autoedición. De hecho, de ahí han salido nombres que, a día de hoy, son bestseller.
Sin embargo, esta es una arma de doble filo porque, a más oportunidades, más competencia. En España se publica cientos de miles de libros al año, lo que imposibilita el éxito ni tan siquiera en un porcentaje pequeño.
Sin embargo, cuando uno escribe lo hace motivado por la pasión. La escritura no es, a día de hoy, un modo de vida para casi nadie. Tan solo unos pocos privilegiados pueden presumir de vivir únicamente de escribir. Pero como la autorrealización no pasa por el dinero, lo hermoso de esta revolución tecnológica que afecta a autores y lectores es que pueden conectar entre sí sin problemas. De nuevo, ¿qué pensaría Austen?

Las redes sociales han tenido un impacto significativo en la literatura en general y en la romántica en particular, ya que es el género que nos ocupa. Los autores pueden interactuar con sus lectores en línea, crear perfiles de personajes y compartir información sobre sus libros. Los lectores también pueden conectarse entre sí y recomendarse libros.
Las redes sociales han permitido a los autores llegar a una audiencia más amplia y han creado una comunidad de lectores apasionados. De hecho, en Instagram existe todo un subuniverso de Bookstragrammers.
Además de los cambios en los procesos de publicación y la interconectividad de lectores y autores, la tecnología también ha cambiado la forma en que los lectores consumen la literatura romántica. Los libros electrónicos o Kindle han permitido a los lectores llevar consigo una biblioteca completa en sus dispositivos móviles.
Y esto no parece tener fin; la tecnología avanza a un ritmo demencial. Por tanto, ¿te atreverías a predecir la próxima transformación tecnológica en cuanto a literatura se refiere?