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El sexo… ¡qué arte!

La influencia del erotismo en el arte en general y en la literatura en particular.

El sexo es una práctica muy placentera y saludable, si se lleva a cabo con seguridad y consentimiento mutuo. Afortunadamente, en la actualidad podemos hablar de ello con naturalidad, pero ¿en todos los ámbitos? La verdad es que no. La literatura erótica todavía continúa muy estigmatizada, lo que evidencia que aún hay lectores que no han superado ese pudor.

¿Por qué? El sexo es un instinto natural que todos deberíamos desarrollar con frecuencia, dado que sus ventajas sobre la salud están más que probadas científicamente:

  1. Reduce el estrés: libera endorfinas y otras hormonas que ayudan a relajar el cuerpo y la mente.
  2. Mejora la función cardiovascular: El sexo es un ejercicio cardiovascular moderado y puede mejorar la circulación sanguínea, reducir la presión arterial y ¡quema calorías! ¿Se te ocurre un mejor gym?
  3. Fortalece el sistema inmunológico: el sexo regular aumenta la producción de anticuerpos y mejora la función del sistema inmunológico.
  4. Mejora el sueño: Después del orgasmo, el cuerpo segrega prolactina y la oxitocina, hormonas que influyen de manera positiva en la calidad del sueño.
  5. Alivia el dolor: las endorfinas que se liberan tras el orgasmo actúan como analgésicos naturales, lo que puede ayudar a aliviar el dolor de cabeza, por ejemplo.
  6. Fortalece las relaciones: El sexo genera vínculos emocionales especiales con el amante, ya que mejora la intimidad y la comunicación en una relación. Por ello la excusa de «es solo sexo» ya no vale, querid@s.

Todo esto ya lo debían intuir los antiguos porque tomaban el sexo como elemento inspirador en su vida. El arte, por ejemplo, dedicó importantes obras a dicha práctica.

En la antigua Grecia su cultura hedonista se caracterizaba por la aceptación de la sexualidad. El erotismo era un tema común en el arte griego, especialmente en la cerámica. Los griegos también valoraban la belleza física y lo reflejaban en sus esculturas.

Durante la Edad Media, las cosas eran distintas ya que la sexualidad se consideraba un pecado, pese a conservarse auténticas maravillas de aquella época como las pinturas del Jardín de las Delicias de El Bosco, las cuales contienen imágenes eróticas.

En el Renacimiento se produjo una liberalización de la sexualidad. Los artistas comenzaron a retratar el cuerpo humano de manera más realista y natural, y a menudo incluían temas eróticos en sus obras. Un ejemplo de esto es la famosa pintura de Botticelli, «El nacimiento de Venus».

Durante los siglos XVIII y XIX, la literatura erótica empezó a darnos muchas alegrías con la publicación de joyitas como «Las 120 jornadas de Sodoma» del Marqués de Sade. A partir de ese momento, el género, pese a su controversia, empezó a abrirse camino y a contar con muchos adeptos.

En la actualidad, el sexo lo impregna todo, desde un anuncio de televisión hasta el cine o la música. Por supuesto, la literatura ha crecido en cuanto a referencias de esta temática. ¿La culpa? las famosas 50 sombras que nos recordaron que la gente f***a y que existen libros que no se cortan a la hora de plasmar tórridos romances (aunque esta popular saga no sea mi favorita, ni por asomo. Ya te recomendaré yo unos cuantos libros eróticos que te dejarán sec@…)

Si el sexo nos envuelve, nos gusta… Si hasta el arte habla de sexo, ¿por qué no atrevernos a dejarnos llevar? Los libros son una opción preferente para dar ese paso. Porque la literatura erótica es como los cotilleos, a todos nos gustan pero nadie lo reconoce.

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