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¿Cómo escribir una (buena) novela romántica?
Os explico cómo hacer un buen relato romántico
Y también os contaré, desde mi humilde experiencia, a construir un apetitoso relato erótico. ¿Preparados?
—Así que, ¿eres escritora?
—Ajá.
—¿Y qué escribes?
—Bueno, mis libros tienen mucho de varias cosas. Pero se enmarcan en el género romántico.
—Oh —cara rara.
—Mi narrativa también es erótica.
(Silencio incómodo)
—O sea, que escribes guarradas.
Este supuesto no es ficticio, sino real. Me ha sucedido en numerosas ocasiones, lo cual evidencia el claro estigma que la novela romántica, y sobre todo la erótica, continúa teniendo en la actualidad.
Antes de ahondar en el tema, repasemos la historia que nos confirma que ambos géneros se remontan más allá de las 50 sombras de un joven millonario que tanto se popularizaron en todo el mundo; unas sombras que muchos negaron, pero que casi todos leyeron.
Empecemos por la literatura romántica. Esta no se trata de un “invento moderno”, puesto que apareció en el siglo XVIII dentro del movimiento del Romanticismo y se caracteriza por exaltar la belleza. Los escritores románticos de entonces primaron la imaginación y el sentimiento sobre la lógica y la razón. Es por ello que los dos aspectos esenciales que debe contener toda novela romántica son:
-Una historia de amor como eje central de la trama.
-Un final exaltado en el que se ponga en valor la lucha por el sentimiento sagrado que inspira dicha historia.

Durante el siglo XIX, esta literatura, que hablaba de las emociones del individuo, se convirtió en el estilo dominante. Los escritores modernistas dieron un paso más allá al enfatizar en el yo interior. Después de la Segunda Guerra Mundial, la literatura romántica evolucionó y se centró en temas sociales y políticos.
Estas influencias han impregnado el género que, en la actualidad, bebe de estas fuentes además de apostar por el realismo psicológico. Los autores de ahora se enfocan en la exploración de temas cotidianos que pueden ir desde la ciencia ficción a los relatos históricos. Es por ello que, dentro del género romántico, se dan cita otros muchos. Drama romántico, romances históricos, novelas de misterio románticas… y erotismo.
Aunque el siglo XX es el momento álgido de las novelas eróticas, su historia se remonta al antiguo Egipto, aunque los primeros textos que se conservan como tal son griegos, del año 400 A.C, pertenecientes a Aristófanes.
Los romanos también hicieron sus pinitos en esto del erotismo, al igual que la cultura China durante el período Han, año 200 A.C aproximadamente. Aunque, si hubiera que destacar un texto antiguo donde el sexo es protagonista, ese es el Kamasutra; de origen hindú, se considera de los manuscritos eróticos más antiguos del mundo el cual, a día de hoy, es conocido por todos.
Durante la Edad Media, el erotismo pasó desapercibido, ya que representaba todo lo prohibitivo, el pecado. Como venganza a tal opresión, en los siglos XVI y XVII se produce una liberación erótica abanderada por la literatura francesa. En del XIX, se produce el apogeo del erotismo donde el género rebasa barreras hasta el momento impensables. Es el caso del masoquismo, de cuna austríaca.
Y después de hacer este repaso fugaz a los orígenes del erotismo: ¿Qué se considera novela erótica en la actualidad? Más bien, diré lo que no es novela erótica:
–La pornografía no es erotismo, ya que lo primero se centra es manifestar una conducta sexual, sin más. En el caso del erotismo, se evidencia la intimidad de los personajes y sus implicaciones.
-La novela erótica, pese a considerarse un subgénero de la literatura romántica, no está ligada al amor necesariamente, aunque es lo más frecuente. Ya analizaremos en otra ocasión algunas obras eróticas que no cuentan ni con una pizca de amor.
¿Y cómo escribir una buena novela erótica?
Escribir una historia donde el erotismo adquiera una fuerza notable es tan complejo como crear cualquier otra trama de excelencia, con la dificultad añadida de que destapar la intimidad de los personajes puede resultar grotesco si no se afronta con respeto y conciencia.
Así pues, desde mi humilde experiencia como escritora de novela erótica, os aconsejaré varias premisas a tener en cuenta en dicho proceso:
Para empezar a escribir novela erótica hay que leer mucha novela erótica. Prueba con algún título comercial que te suene, pero yo te recomiendo que indagues más allá y te atrevas con obras de culto como Historia de O, escrita por la periodista Pauline Réage, pseudónimo de Dominique Aury.
Deja a un lado todo prejuicio. El sexo es parte de la naturaleza humana y se caracteriza por la visceralidad y la espontaneidad. No hay normas a la hora de ponerlo en práctica, siempre y cuando sea acorde a los gustos de las otras partes implicadas. Si te vas a turbar ante ciertas prácticas, mejor no te dediques a este género.
Construye historias con fuerza y con personajes creíbles y carismáticos. Ponte en su lugar para comprobar si has logrado tu propósito e imagínate protagonizando sus escenas. Si tú te ves en ellas, también tu lector.
Recréate en los detalles y crea atmósferas atrayentes a través de los cinco sentidos. Describe sensaciones, pero también sabores y hasta olores. Escribe con los cinco sentidos y no temas alterarte con tu pluma. Un buen escritor de novela erótica debe excitarse con su prosa.
Llama a las cosas por su nombre siempre que la trama lo requiera. Si tus personajes están follando, no seas eufemístico y digas “hacer el amor”. Porque algunas veces será amor, pero otras no. Lo mismo sucede con la anatomía femenina y masculina. Coño y polla no son términos prohibidos. ¡Úsalos en el contexto adecuado!
Y el último consejo es que escribas y reescribas hasta que tu universo de papel y letras sea lo que tú buscas. Escribe para atrapar al lector, pero que ello no te obsesione. Quien debe sentir placer, en primera instancia, con tus relatos eróticos eres tú mismo.
Y aquí se despide (hasta muy pronto) esta escritora de “guarradas” muy orgullosa de sus criaturas literarias que tantas alegrías, y algún que otro disgustillo me han ocasionado: Las Damas Oscuras y el Palacio de Terciopelo y Las Damas Oscuras II: La sombra de Magalí.