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Somos canciones: II Parte
Las canciones que ponen voz a mis sentimientos (y a mis libros)
Necesitaría veinte mil entradas en este blog (y no resultaría suficiente) para expresar lo que siento por la música. No canto bien, aunque no dejo de hacerlo en la intimidad porque es uno de mis sueños frustrados. Creo que, en mis entornos más personales, he mencionado alguna vez que si viviera mil vidas, en una de ellas sería cantante (y en otra policía)
Dicen que «cuando el español canta, su mal espanta» y eso es lo que me sucede a mí. Cuando canto, me libero. Me vengo arriba con las canciones que me dan energía y lloro sin consuelo con aquellas que me desgarran el alma. Lo cierto es que tengo una canción para cada cosa, para cada estado de ánimo:
- Por ejemplo, a día de hoy, si necesito percibirme naif, me pongo «Tacones rojos» de Sebastián Yatra. Este tipo de melodías son, en mi vida, transitorias pero el tiempo que persisten las escucho en bucle.
- Otra que me da mucho power es «Personal Jesus» de mis venerados Depeche Mode. Cuando la escucho, con independencia del talante inicial, mi humor muta drásticamente a mejor.
- Una canción que me ponga la piel de gallina, «Precious» de, de nuevo, Depeche Mode. Porque no se puede ser tan grandioso, querido Gahan… Me derrito imaginando a Dave reverberando junto a mi oído eso de «si Dios tiene un plan maestro que solo él entiende, espero que lo vea a través de tus ojos».
- Pese a que esa canción me valdría para hacer el amor, hay una de Seal que es toda una oda al amor: «Kiss from a rose». ¿Se puede decir tanto y con más pasión? No lo creo…
- Para llorar, para arrepentirme, para que duela… Hay una canción que me desgarra cada vez que la escucho por el mensaje que libera. Esa es «Amen» de Enigma.

Estas son algunas de mis preferencias, pero hay muchas más. Savage Garden, U2, Bon Jovi, Ace of Base, The Cardigans, Coldplay, Bruno Mars, Imagine Dragons e incluso Eminen. Todos estos artistas han entrado en mí en algún momento repercutiendo en algo más. Sí, somos canciones; esa es mi teoría porque, de otro modo, ¿cómo se podría explicar que sintamos esa conexión extraordinaria con ciertas melodías?
Existen voces, como la de Dave Gahan (Depeche Mode) que provocan que todas las fibras de mi cuerpo se revolucionen. Ese tono grave, que pronuncia de un modo magistral para liberar mensajes sobrecogedores de dolor, tristeza y amor cruel, me fuerza a doblegarme ante él y sus letras.
Puede que parezca que estoy obsesionada con la música y con Depeche Mode, porque lo estoy. Su estilo es inconfundible. El sonido de sus voces (sobre todo la de él), el dominio supremo de los sintetizadores y las guitarras… Todo resulta sublime. En su canción Useless (del disco ULTRA), por ejemplo, hay un solo de guitarra eléctrica a cargo de Martin Gore que es brutal.
Y esos instantes evocan vivencias en mí, algunas consumadas y otras que están por llegar. ¿Será el hechizo del estilo darkwave? En «Somos canciones: I parte» prometí que hablaría de este género el cual, por cierto, se caracteriza por generar una atmósfera oscura, melancólica y emotiva mediante la música electrónica. Las letras suelen ser profundas e introspectivas; una radiografía fiel del alma.
Dichas letras, en este momento de mi vida, representan más de lo que hacían los Backstreet Boys en el pasado (ver post anterior, Somos canciones: I parte) La música es reflejo de nuestras vivencias y de nuestra evolución y conjura recuerdos o anhelos que, en cada persona, son distintos. Esa es la magia de este arte que, tal y como afirmé en el post anterior, se proclama como el lenguaje universal.

Si bien es cierto que la música nos inspira en nuestra vida, nos sirve para relajarnos, enamorarnos o soltar lastre, también puede cumplir el mismo fin en nuestro ideal. Es lo que hago yo a la hora de escribir. Cuando me siento a crear, siempre realizo el mismo ritual: botella de agua, mente en blanco y auriculares con la música a tope. ¿Qué música? Pues básicamente la que he descrito ya. Porque de esas voces salen otras voces.
Los personajes de Las Damas Oscuras están impregnados de la esencia de ciertas melodías:
1. «Back for good» de Take That representa a la perfección el romance prohibido de Dante Sebastián y Lucy Bennett, por ejemplo. Cuando Garlow susurra que «solo te quiero de vuelta para siempre» no puedo evitar pensar en ellos, en lo mucho que él la ha anhelado durante toda su vida, incluso cuando no debería.
2. El sufrimiento de Dante se podría cantar, si quisiéramos. Y «Amén» de Enigma pondría la letra a tales emociones tan perturbadoras. «Estoy dejando todas mis sombras atrás…» asevera el texto melódico en cierto instante.
3. A Beltrán le representa cualquier expresión sonora del buque insignia del darkwave. Porque, ¿qué me dices de «Heaven»? «Ríndete a mi voluntad para siempre» es lo que afirma Dave Gahan… ¿y alguien más?

Si no has leído las novelas, puede que no sepas de lo que te hablo, pero, si lo has hecho, seguramente ya estarás atando cabos. Porque nosotros somos canciones, pero también ELLOS. La música me alcanza a mí en todos los procesos de mi vida lo cual implica que lo hace de idéntica manera con los personajes que brotan entre las páginas de los libros que he escrito, precisamente, escuchando esas canciones.
Por tanto, Las Damas han nacido de la música, lo cual explica que en la propia historia se haga referencia a ciertas canciones que ponen banda sonora a las peripecias los personajes. Te planteo un reto: ¿te atreves a leer escuchando aquello que se intuye entre líneas, nunca mejor dicho?
Podría haber una tercera parte de «Somos canciones». Otra entrada más en este blog que siguiera tratando de explicar el por qué la música es tan importante en mi vida y en mi escritura. Pero no serviría de mucho porque los motivos son infinitos.
Así pues, me atrevería a reconocer que somos lo que somos gracias a la música y también a los libros. Porque la música es como los libros, no se explica; se vive y ambos cuentan historias. Por tanto, no solo somos canciones. Somos libros.